Un boleto a la Cueva del Olvido

Finalmente antes de irnos a dormir, ya que al día siguiente seguiríamos nuestro viaje habiendo fracasado nuestros intentos por conocer la cueva de los Tayos por nuestros medios, recibimos la llamada que tanto habíamos esperado, la municipalidad de Limón Indanza, nos invitaba en esta ocasión a unirnos a un grupo de nueve personas en una expedición espeleológica a la Cueva de los Tayos.

El objetivo de la misma era no solo recorrer la mayor cantidad de kilómetros de la cueva, de los cuales en total solo se conocen siete, sino también seguir en contacto, enseñando a las comunidades Kuankus que allí habitan un poco al respecto de guías de turismo, y mostrarles cual es el equipo indicado para hacer el descenso de entrada.

grupo-comunidad-kuankus-blog-ecuador-cueva-tayos-experiencia-viaje-sin-destino-argentina-alaska

El grupo en la comunidad Kuankus

 

Como explicar aquí y en resumidas palabras la alegría que nos produjo aquella noticia, después de ansiar muchísimos años la entrada a la cueva para finalmente develar ese misterio que la rodea a ella y a su entorno. Cerramos la computadora e intentamos dormir, en vano, ya que los nervios en el estómago no nos dejaban hacerlo. Pues claro, esta era una oportunidad única, realmente fuimos privilegiados al poder ser elegidos para tal hazaña, son contadas las personas que han ingresado y muchísimas aquellas que se acercan y al ver que no hay una infraestructura turística demasiado desarrollada en torno a ella, desisten y nunca llegan, tal y como iba a sucedernos a nosotros de no ser por el mágico llamado.

Comprendamos primero que personajes como Neil Armstrong han estado allí con anterioridad, y ha considerado la experiencia mucho más interesante que la Luna, según sus palabras. Esta cueva fue descubierta por un argentino, Juan Moricz, quien se ha topado con piezas arqueológicas que aun hoy son un misterio sin develar, entre otras halladas se destacan placas finas de oro repujado, que contaban historias y estaban dispuestas una al lado de otra como hojas en un gran libro, piezas de adobe de 3000 años antes de Cristo, tallas donde se ven personas montando dinosaurios, cosa que nunca debió suceder según nuestra historia, mesa y sillas talladas en piedra, entre otras. El custodio de muchos de estos tesoros fue durante varios años el padre Carlo Crespi Croci, quien en su precaria iglesia conservaba parte de la colección que aun hoy es posible ver en fotografías de la época. Claro está, que luego de su muerte, todo desapareció y aun hoy se desconoce su paradero, aunque algunas piezas, pocas, se conservan en el Museo Privado de Carlo Crespi Croci en Cuenca, Ecuador. Otra parte del tesoro encontrado se ha ido en manos de una misión inglesa, otra japonesa y quien sabe detrás de cuantos arqueólogos que han ingresado a investigar y se han visto tentados con tomar una muestra de campo.

Como decía entonces, nuestra aventura comenzó la noche del martes al recibir el llamado; el miércoles preparamos todo el equipo y el jueves por la mañana tomamos un bus desde Macas, donde dejamos a Aurora, nuestra kombi, hasta Limón Indanza, unos kilómetros más al sur. Al llegar, nos recibió Xavier y nos invitó a dejar las mochilas en su casa, para luego ir a hacer un previo entrenamiento de rapel con los bomberos en la cancha de futbol del pueblo. Bueno, en realidad, entrar a la cueva no significaba solo entrar y dormir dos noches adentro sin ver la luz del Sol, sino también un pequeño detalle, un descenso de entrada de 70 metros de altura, equivalente a un edificio de 20 pisos, al que solo se puede ingresar colgado de una soga. Un desafío para cualquiera y mucho más para quienes sufren de vértigo o claustrofobia, como Erika, quien más allá de las fobias, estaba tan fascinada con la idea que se sobrepuso y hasta le termino gustando. Entrenamos duro, con el equipamiento nuevo que la municipalidad había adquirido un tiempo atrás y volvimos a la casa de Xavier para dormir y salir temprano por la mañana.

blog-descenso-cueva-de-los-tayos-ecuador-amazonas-viaje-sin-destino-nota-argentina-alaska

Preparándonos para el descenso

 

Al día siguiente, nos levantamos a las 5 am para iniciar el viaje a la cueva, el bus de la municipalidad nos recogió y nos llevó tres horas por la carretera que conduce a Yuquiantza, hasta la entrada al territorio de los Shuar Arutam, desde donde una lancha por el río Namangoza que luego se une con el Zamora y toma el nombre de río Santiago, nos conduciría 15 minutos, mostrándonos puentes y cascadas de gran altura, hasta la comunidad Kuankus, que ya nos esperaba a orillas del río para recibirnos. El ingreso a la comunidad es muy reservado y es únicamente pagando un arancel, que no garantiza que ellos no puedan revocarte el ingreso por cualquier motivo que tengan. Nos observaron con detenimiento y conversaban más que nada con dos de los integrantes del grupo que ya los conocían de otra oportunidad. Sus vestimentas ya no son como uno imagina, si bien viven despojados de muchos bienes, tienen remeras de marca e incluso el jefe de la comunidad vestía una con el lema “peligro, catador de mujeres rubias, morochas y trigueñas” que resulto muy gracioso y divertido, y termino siendo un buen pretexto para romper el hielo de la confianza inicial. Anotó los nombres y apellidos de todos y verifico que tuviéramos nuestros permisos para el ingreso, hecho posterior nos dirigimos a la cima de la sierra donde están las casas de la comunidad. Una hora de caminata a pura cuesta, con las botas llenas de barro y empapado por el sudor, llegamos y nos ofrecieron agua y chicha para beber (una bebida preparada a base de chonta y saliva) muy buena para reponer energías. Tomamos unas fotografías y continuamos, todavía faltaban 3 horas más de ardua caminata entre la amazonia ecuatoriana, en un camino que poco tenia de camino y por tanta lluvia se había convertido en un campo de barro donde cada paso que dabas debías retroceder dos porque te hundías cada vez más y más.

interior-cueva-tayos-sala-grande-ecuador-blog-viaje-sin-destino-nota-argentina-alaska

Sala 1 del interior de la cueva donde armamos campamento

 

En el medio, nos topamos con otro asentamiento de la comunidad Kuankus llamado San Pedro, paramos, tomamos agua, comimos una extraña y dulce fruta que te dejaba los labios pegados, llamada Avio y seguimos hasta una tarabita, para cruzar el río Kuankus. Al pasar, seguimos camino y luego de todo ese sacrificio, finalmente llegamos. Pensar que yo creí que el camino a Machu Picchu era difícil, definitivamente nunca antes había intentado caminar tantas horas por un camino fangoso, el templo inca al menos tenía escalones.

De la nada, apareció el agujero, rodeado de toda esa selva, como si un pedazo de ella se hubiera arrancado, caminando por su costado, y con mucho cuidado de no dar un paso en falso que nos condujera directamente a las entrañas de la misma, de su interior provenía un sonido abrumador, un sonido que daba escalofríos, eran los tayos, las aves que moran aquí y a quien la cueva les debe su nombre. Descansamos un poco, mientras los dos bomberos miembros del equipo se disponían a instalar los primeros parabolts puestos allí para descender y ascender; ya que antes solo ataban las cuerdas a unas rocas y rogaban a dios que esta no se rompiera cuando estaban pendiendo de la misma. Instalados éstos, empezamos a bajar de a poco, Erika fue primero, jamás voy a olvidar la cara que puso antes de dar el primer paso para bajar, pero lo controlo y lo logro. Luego yo, que no pude evitar mirar para abajo y ver allá a lo lejos las luces de los cascos que apuntaban hacia arriba y se veían como diminutos puntos brillantes en un fondo negro.  Paso a paso y con la ayuda de mi propia mano, que apretaba lentamente una polea para dejar que mi propio peso me jalara hacia el interior, toque el piso de los Tayos. Lo que me rodeaba era nuevo para mi, jamás había estado en el interior de una cueva, las rocas, los hilos de agua que brotan de las mismas, los pájaros, los insectos y aquel hueco monumental que conduce a la única salida, me dejaron en shock por unos minutos hasta ver el rostro de Erika que me trajo paz nuevamente. Una vez que bajaron todos, nos fuimos para adentro, primero otro pequeño descenso en rapel por unos 6 metros y ahora sí a caminar. Pasamos un hueco con su techo liso y sus costados tan naturalmente perfectos, que parecía un dintel que apoya en sus dos columnas cual obra de la ingeniería humana, pero debo decir que es tan natural y fluido como solo la madre tierra puede hacerlo. Luego de esto se abrió una gran sala, inmensa, de techos altos, donde fácilmente cabría un avión boing jumbo, allí decidimos armar el campamento para arrancar la expedición al día siguiente, ya que la bajada misma nos había tomado unas tres horas y el día, largo, ya estaba llegando a su fin.

la-catedral-blog-cueva-tayos.ecuador-amazonas-viaje-sin-destino-argentina-alaska

La Catedral

 

Por la mañana, armamos un desayuno contundente para evitar parar a almorzar y salimos a recorrer, los tres guías Kuankus nos acompañaban marcando el camino, y nos condujeron por cascadas, salas con estalactitas y estalagmitas de gran tamaño, otra gran sala, “el anfiteatro”, donde se forman escalones y una gran piedra saliente se destaca, similar a la roca donde el rey león reclama sus dominios y para terminar el día una parte de caminos donde solo se podía entrar arrastrado, manchando lo poco de ropa limpia que quedaba con eses milenarios de murciélagos y pájaros que hacían el aire denso de respirar y dificultaban el paso en partes donde la masa de excremento eran tan espesa que podías hundir tus piernas hasta arriba de la rodilla. Caminar allí, por la oscuridad, y ver solo lo que la luz de tu casco alcanza a alumbrar, es, sin dudas, una experiencia desalentadora, ya que estando allí, uno quisiera poder iluminar todo para poder ver la imagen completa y tomar allí un parámetro cien por ciento visual del tamaño de tremenda cueva. Aquí es cuando la aventura se puso interesante, el guía Kuankus que iba delante mío nos pidió que hiciéramos silencio, que no quería despertar a las bestias que allí habitan, y en un camino donde solo cabe una persona acostada, se adelantó unos pasos y me pidió que nos detuviéramos y luego de mirar detenidamente y sigiloso como continuaba el camino, rápidamente dio vuelta atrás  y me pido a mí, que iba detrás de él, que regresáramos. Nose como hizo, pero en cuestión de segundos había pasado la fila de todos los que iban detrás mío, hasta adelante, dejándome a mi detrás de todo, jaja, así si la bestia despertaba me comía a mi primero. Nadie sabe cómo, pero los tres guías que debían cuidarnos, se habían marchado bajando por un rapel que habíamos instalado para ingresar a esa parte y nos estaban esperando abajo. Charlando con el grupo, parece que el señor Kuankus, había visto pisadas de lo que ellos llaman “pie grande” y quizá el mito sea tan grande para ellos, que el miedo los paralizo y salieron corriendo. La mayoría habíamos coincidido en que mientras caminábamos hacia ese sitio, habíamos escuchado dos ruidos sordos, como de una gran piedra chocando contra ese piso de excremento, pero nada más, y por supuesto que nos quedamos todos esperando a ver si aparecía nuestro amigo desconocido, pero nada de esto sucedió, y sin fortuna, no pudimos encontrar ninguna otra huella por la zona.

Volvimos al campamento, cansados y sucios de olorosa mezcla de extraña procedencia y nos fuimos a bañar a una zona donde el agua cae del techo en forma de ducha; tome un baño de cueva, tan bueno que me repuso bastante del cansancio del día. Cenamos y nos fuimos a dormir, por la mañana siguiente ya deberíamos emprender el regreso, aunque nuestros amigos Kuankus seguían tan preocupados que querían desarmar ya mismo el campamento y comenzar la vuelta.

blog-portico-con-dintel-cueva-tayos-ecuador-amazonas-viaje-sin-destino-argentina-alaska

El famoso portico con dintel

 

Despertamos a las 4 am, desayunamos rápidamente, desarmamos campamento y comenzamos el retorno. A las 6 am estábamos empezando nuestro ascenso, ya todos estábamos cansados y queríamos volver a ver la luz del día. Primero subió Erika, ya que no quería salir sin que ella lo hiciera primero, después seguí yo; ambos fuimos jalados a la superficie por todos los que ya habían subido antes. No se imaginan la alegría que produce volver a ver la luz del Sol, después de apenas dos días sin ella, sentir el calor en la piel y en el rostro de nuevo, y poder tirarse panza arriba respirando aire puro.

blog-naturaleza-rodea-cueva-de-los-tayos-ecuador-viaje-sin-destino-argentina-alaska-experiencia

El verde que rodea la cueva

 

Hoy en día la Cueva de Los Tayos sigue siendo un lugar poco conocido en general y por lo visto en nuestro paso por Ecuador, es más la cantidad de extranjeros que conocen de la misma por documentales o libros, que los propios ecuatorianos, que se mostraban muy sorprendidos al escuchar de nuestra boca las historias en torno a este lugar. Tengo el recuerdo de haber visto fotos de Neil Armstrong en la cueva y todavía no puedo creer haber estado allí, haber bajado por el mismo sitio que él bajo, haberme sacado la foto en el sitio en que Moricz lo hizo, pero más allá de todo, recuerdo como cada jalada que me traía un poco más a este mundo y me alejaba de las penumbras de la cueva, me hacía sentir un poco más vivo, me hacía sentir un poco más cerca de la meta, me hacía sentir que lo había logrado, que había conquistado otro sueño más y sobre todo recuerdo que al salir, los verdes ya no eran verdes, eran los verdes más verdes que había visto en mi vida, los colores estaban radiantes, vibrantes y ahí supe que la cueva del olvido es en realidad un recordatorio que nos obliga a revalorar todo lo que tenemos, y eso señores, es nuestro planeta, la Tierra.  

blog-explorando-cueva-tayos-ecuador-interior-viaje-sin-destino-notas-guia-argentina-alaska

Explorando

Como si este relato no fuera suficiente, hemos realizado un mini documental donde podes ver toda nuestra experiencia

Queres conocer nuestra experiencia completa en Ecuador? Entonces no te pierdas la Guia de viaje
Paul
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*
*
Website