Nadando bajo la luz de la Luna

Finalmente decidimos tomar el ferry hacia la isla de Ometepe en el lago Nicaragua, una isla que a falta de uno, tiene dos volcanes, y por suerte ningún show de lava en vivo para sorprendernos con un gran susto.

Nos levantamos tempranito, y nos fuimos hasta el puerto donde subimos al ferry que curiosamente se llamaba “El Che Guevara”, como una extraña señal de que debíamos subir a aquel por tener algo de “argentino”, luego de una hora de placentero viaje mientras admirábamos de lejos la isla a la cual arribaríamos y sus dos imponentes volcanes, llegamos al puerto. Al bajar manejamos hasta una finca, por un camino de tierra subiendo unos metros el volcán Maderas hasta un sitio donde estacionamos a Aurora y con un poco de coraje emprendimos una caminata de una hora por un caminito que nos fue guiando a través de un museo de historia prehistórico de piedras talladas por las manos de algún o algunos habilidosos aborígenes que tenían mucho para contar. Los petroglifos suelen ser subestimados, pero para nosotros son un espectáculo único, no solo nos cuentan un poco de la gente que vivía allí muchos años atrás, sino que nos sorprenden por sus originales formas para representar las cosas que veían.

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Ferry “El Che Guevara”

Luego de esta cuota de historia necesaria para nuestros ojos y sentidos, nos fuimos a playa Santo Domingo, una playa como cualquier otra aquí en Centroamérica, pero con la genial diferencia de que el gran lago que estaba por delante es de agua dulce, y para nosotros un paraíso para descansar de la agotadora sal del mar. Alli nos quedamos todo el día y pedimos a un hotel que nos dejara acampar en el estacionamiento.

Al día siguiente decidimos seguir recorriendo la isla y nos fuimos al recomendado Ojo de Agua, una gran piscina natural, que es alimentada por un río de agua que viene desde el volcán Maderas, con la ventaja de ser fría y clara. Es increíble, pero cuando llegamos y veíamos los colores turquesa y azules profundos que reflejaba nos quedamos atónitos, podíamos ver el fondo de la piscina como si estuviéramos a 2 centímetros de él. No le falto nada mas, este lugar nos llamó a quedarnos y pasar la noche allí, y si bien el lugar cerraba a las cinco de la tarde, charlando se entiende la gente y pidiendo permiso nos dejaron pasar la noche.

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El Ojo de agua

El día se nos pasó volando, estuvimos nadando tomando todas las propiedades que el agua tenia para ofrecernos, según dijo el señor de la entrada, aquí uno debe tomarse una foto antes y otra después del baño, porque afirman que uno rejuvenece. Yo me mire al espejo y no note ningún cambio, mas bien me veo mas gordo, pero bueno, digamos que son aguas ampliamente sanadoras y refrescantes.

El atardecer fue formidable, las ranas comenzaban a cantar y los monos aulladores a dar sus espectáculos, mientras tomábamos mate y nos regocijábamos viendo pasar las nubes por encima del volcán Concepción y contemplando las últimas franjas del Sol reflejándose en ellas.

Al caer la noche, la Luna llena hizo su aparición y ya no necesitamos mas nuestra linterna, porque podíamos ver hasta donde nos daba la vista gracias a su reflejo. Cenamos unos paquetes de “club social” porque con el calor que seguía haciendo no nos animamos ni a prender una hornalla, y nos vimos una peli en la compu.

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Era tal el calor que hacía que le propuse a Eri ir a nadar al Ojo de Agua, no solo para refrescarnos, sino para cumplir esa fantasía romántica de nadar iluminados por la Luna. Pero déjenme contarles que la experiencia estuvo lejos de ser una escena de “La laguna azul”, aunque para mi experiencia personal ha sido una sensación liberadora y revitalizante. Llegamos a orillas de la piscina y me saque toda la ropa, claro, si la hacíamos había que hacerla bien, nada de trajes de baño, total no había nadie, solo nosotros, los vampiros que sobrevolaban para tomar pequeños sorbos y los monos que se reían detrás de las palmeras cuando me saque la malla jajaja. Paso seguido me metí a las frías aguas e intente nadar para entrar en calor pero nada; mientras tanto Erika seguía buscando con la linterna si no habría por allí alguna persona escondida dispuesta a darse un reality show en vivo, sin tener que pagar tv satelital. Metió la punta de los dedos y le dio tanto frío que solo llego a meterse hasta la mitad y yo ya tenía tanto tembleque que me senté junto a ella, todo lo que nos rodeaba brillaba con la luz de la Luna, el agua ahora era un gran espejo de plata y yo tenía a mi mujer al lado, mas perfecto no podía ser…. Pero el fresco fue mas grande y un segundo después nos miramos y dijimos –mejor salimos no? Yo me estoy c… de frío! Jajaja. Tomamos las toallas, nos secamos y nos vestimos, miramos la pileta y agradecidos por haber bajado mil grados de temperatura nos fuimos a dormir a la kombi fresquitos y limpitos.

En fin, una anécdota de película, ideal, Luna, laguna, calor, aunque fiel y verdadera, bajada a la pura realidad, un amor de novela en la vida de personas normales.

Por la mañana fuimos a ver la famosa Punta de Jesus María, una playa donde tenes un metro de arena y agua de los dos lados, algo asi como una pasarela de varias cuadras desde donde se puede observar el gran volcán Concepción y sacar una linda fotografía. Luego de la última parada, tomamos el ferry de nuevo a tierra firme para continuar viaje.

Isla Ometepe, quedara siempre en el recuerdo por sus encantos místicos y su anécdota del Ojo de Agua…

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La punta de Jesús Maria

Para mas información pueden visitar nuestra Guia para viajar por NICARAGUA
 

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Paul

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