Monte Shasta, relato de un viaje espiritual

No sabíamos bien porque, pero habíamos escuchado el llamado…

Años atrás, antes de que todo esto fuera siquiera un proyecto, nos fuimos en busca de respuestas y encontramos un baúl cargado de maravillosas incógnitas que solo podían ser respondidas mirando a través de un único medio, el corazón.

Erks, en Córdoba, fue el despertar de nuestra conciencia, a partir de ese día nada fue igual, y Eri y yo decidimos seguir el rumbo que nos marcaba el norte interno. Ya en viaje fuimos descubriendo otros puntos energéticos importantes en nuestra América, siendo el primero de ellos “La Aurora” alla por Uruguay, el chacra corazón como le dicen, donde pudimos encontrarnos en el espacio del no tiempo, como en un hueco en el círculo temporal donde simplemente estuvimos, en el momento, disfrutando el ahora, creyendo que habían transcurrido a lo mucho una hora, cuando en realidad habían pasado mas de cuatro. La foto minutos mas tarde termino siendo una hermosa revelación de lo lejos que llegamos cuando dejamos que nuestra alma salga a jugar.

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Naves en Erks

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Energía manifiesta en “La Aurora”

 

Espero no estar abrumando con mis palabras, intento ser claro y conciso tratando de mantener la objetividad del relato, pero es que no puedo, la emoción me gana y me aleja hacia esos rincones de nuestro Universo donde la respuesta es única, somos lo que somos, venimos del Infinito y hacia alla vamos…

Uniendo puntos de energía nos fuimos a andar las Américas, como dije antes, Erks (Córdoba, Argentina) fue nuestro despertar, y Aurora (La Granja, Uruguay), nombre con el que bautizamos a nuestra Kombi VW, fue nuestra apertura del corazón. Se dicen muchas cosas y hay muchas teorías que hablan de los chacras de nuestro continente, y funcionan asi como nuestros puntos luz, moviendo y renovando la energía de un sitio a otro, fluyendo, llevando vida y recargando nuestro Planeta. Profundizando un poco mas, dicen que en muchos de los sitios sagrados donde estuvimos hay resguardado un pedazo de Disco Solar, que justamente por ser de gran energía, carga el lugar con una fuerza imponente.

Lago Titicaca en Bolivia, Machu Picchu en Peru, La Cueva de los Tayos en Ecuador, La laguna de La Guatavita en Colombia, El Valle de las siete Luminarias en México, y finalmente nuestra llegada a Monte Shasta California, Estados Unidos.

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Día de meditación en “La Guatavita”, Colombia

 

Nosotros intentamos hacer cálculos estimativos de cuando llegaremos a un lugar, pero a fin de cuentas cuando mejor nos sale todo es cuando menos lo planificamos y nos dejamos llevar por el río de la intuición o la corazonada.

Cortito y al pie les cuento que en un parque estatal de Nuevo Mexico se nos acerco una señora adorable, Martha, que nos invito a su casa en la costa de California cuando estuviéramos por allí. Unos meses después llegamos a su casa y compartimos unos días. Ella fue, quien intrigada por nuestra visita a Shasta nos comentó que tenía una amiga que vivía allí hacia años y que podría recibirnos en su hogar. Unas semanitas mas tarde, luego de visitar otras zonas de California llegamos a la casa de Stephanie y Neil que nos recibieron con los brazos abiertos; aca habrán notado como son las vueltas de la vida que una situación lleva a la otra como si uno fuera siguiendo un lazo. En la locura del viaje y el despiste que nos caracteriza, resulto ser que llegamos al centro energético el fin de semana de Semana Santa. No es que seamos religiosos, pese a haber sido criados como cristianos, pero es que mas alla de toda creencia, nuestro compas interno nos dice que hay algo mas allí de lo que la iglesia nos quiere contar, y si aquel finde era otro aniversario de la muerte de quien fuera “el salvador”, pues entonces la energía podía llegar a manifestarse de formas impensadas.

La mala noticia fue que aún era Invierno y el pico de la montaña, donde queríamos acampar dos noches, estaba cubierto de nieve, pero no 10 cmts, sino como de 4 metros. Steph nos preguntó si teníamos raquetas porque sino no íbamos a poder caminar, y al ver que solo cargamos lo poco que nos entra en la Kombi, se ofreció a prestarnos los de ellos. Segundo milagrito, jaja, hacía unos meses no teníamos casa, ahora teníamos casa, comida, estufita, amigos y por si todo eso fuera poco, también raquetas de nieve para poder ir a mantrar en el medio de la nada.

Dejamos nuestras cosas en su casa y nos fuimos tres días y dos noches a acampar a la cima, bueno, en realidad unos kilómetros mas abajo, hasta donde estaba abierto el camino.

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Nosotros en Monte Shasta

 

Pasamos el día reconociendo el área y buscando un lugar desde donde iniciar los trabajos de meditación, y dimos con un área llamada Sand Flat, un gran plano despejado de pinos desde donde se veía el pico de Shasta y allí dibujamos con nuestros pasos una gran bandera de La Paz, el círculo externo con tres esferas pequeñas dentro. La perspectiva afectaba un poco, y si bien no quedo igualita, la intención estaba puesta, por lo tanto era perfecta. El sitio estaba unos 2 kilómetros dentro del bosque, asi que esa noche dejamos el auto estacionado y debimos caminar veinte cuadras de ida y veinte de vuelta por la densa nieve, de noche, sin Luna, y sin gente.

A las 6 pm tomamos nuestras raquetas, nuestros bastones de caminata y nos fuimos metiendo poco a poco en la escalofriante oscuridad de un bosque frondoso de altos pinos guiados solo por la luz de nuestra linterna que de tanto en tanto amagaba con apagarse, asumo que por el frío.

Llegamos, al fin llegamos, exclame al ver la bandera de la paz dibujada. Un secreto, en realidad nunca se trató de llegar a Alaska, nuestro norte mas norte era Shasta, aquí concretaríamos nuestro viaje de conexión entre los puntos de Luz de América y seria nuestra prueba final para ver de que cosas somos capaces y hasta donde podemos llegar. La alegría fue instantánea e inmensa, con cada bocanada de aire que tomaba, el aire puro y gélido entraba, pasaba por mi garganta y se depositaba en mis pulmones, purificándome y llenándome de oxígeno, de vida. Ya el hecho de haber abandonado nuestro vehículo y caminado hasta allí solos y con miedo de que aparezca cualquier clase de animal o ente de entre la maleza, había sido un Gran logro, y lo estábamos haciendo guiados por los elementales del lugar. 

Pusimos una manta en el piso, la nieve, y simplemente hicimos lo que habíamos aprendido durante todos estos años de camino, miramos al Monte, abrimos nuestras palmas hacia el mismo como para que nuestra energía fluya hacia y desde él, y cantamos unas canciones, algunas del repertorio personal de canciones populares que nos ponen la piel de gallina, y luego algunos mantras que habíamos aprendido en Córdoba, nuestro hogar. Ese fue nuestro primer trabajo, pero el frío fue tan intenso que un rato después decidimos retornar a la Kombi, allí nada sucedió, o mejor dicho, nada visible al ojo humano, pero nos sentimos bien acompañados. A veces no se trata de ver, es simplemente estar y sentir, conectar con el lugar, con su historia, uno va con las expectativas bajas y luego se sorprende.

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Shasta y su paisaje

 

Por la mañana Eri y yo despertamos con la misma sensación con la que habíamos despertado luego de nuestra primera noche de trabajo en Erks, con la cabeza abombada, como si hubiéramos estado 12 hs dando una lección oral de la que no podes acordarte nada. Decidimos que esa noche íbamos a ir a trabajar a otro sitio, mas cercano, como para no agotar toda nuestra energía solo con caminata y saber que podríamos retornar al auto rapidito en caso de tener frío.

A las 6 pm de aquel día comenzamos a caminar cuesta arriba hasta que encontramos un lugar, desde allí veíamos el pico de Shasta, y al darnos vuelta podíamos ver un extenso valle y unas montañas, ese paisaje nos recordaba mucho a Cuchi Corral, Córdoba, era como estar en el extranjero y en casa a la vez. Esa misma noche un grupo de 300 personas se reuniría en Erks para mantrar, algunos eran personas que ya conocíamos de veces anteriores en las que habíamos coincidido en la tarea. Ambos grupos, tanto nosotros como ellos sabíamos del trabajo del otro, asi que apoyábamos nuestra labor en la distancia, mandando buena energía.

Los cantos no se hicieron esperar, aquella sería la gran noche, por supuesto que no lo sabíamos, pero lo intuíamos, después de todo hacía mucho tiempo veníamos manejando para llegar allí, tratando de nutrirnos con todo lo aprendido día a día. Pedimos permiso a las jerarquías de Shasta y que nos acompañen durante aquel rato. De pronto con Eri nos miramos, nos sorprendió como con determinados mantras, la montaña se hacía eco propagando solo algunas palabras en Irdin sobre todo el valle, como si estuviéramos utilizando un alto parlante. Unos momentos mas tarde sentimos la necesidad de dejar de mirar a la montaña y voltear, mirar al valle y a esas montañas de fondo, honrar y venerar nuestro Sur, nuestro Origen y recordar que aquel día había comenzado mucho tiempo atrás, un verano del 2012. Salidas de Erks, llegaron las naves, las luces, los seres, que alegría, una vez mas, sobre las montañas, como en Cuchi Corral, ellas prendían y apagaban, espontáneamente, esporádicamente, y muchas veces respondiendo a nuestro Opa Ama Imi Tu Uan (lenguaje Irdin: en este encuentro señor te saludo)

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La montaña de Shasta, Emanashi

 

Volteamos nuevamente hacia la montaña, y no es que no podíamos creer lo que estábamos haciendo, es que en realidad siempre supimos que podíamos convocar a los seres estando solos; dentro, bien dentro ya lo sabíamos, y aquello había sido solo la punta del iceberg, la prueba de que si se quiere se puede.

La última vez que estuvimos en Erks, aprendimos que Samana era la palabra Irdin que representaba la energía crística, asi que con un suave y largo Samana comenzamos a invocar su presencia para que nos llenara de luz y nos protegiera. Al terminar de pronunciarla un gran flash del cielo nos ilumino, por menos de un segundo, sí, un flash, fue tan pero tan certero y contundente que al segundo siguiente Eri y yo miramos al cielo para ver de que se trataba, y allí estaba, una nave que marcaba su paso de manera errática y que claramente quería ser observada. Volvimos a decir su nombre, y una vez mas, esta vez vimos el flash dispararse hacia nosotros y aquello nos erizo la piel, era el sutil saludo de una entidad superior, un ser del que aún no tenemos conocimiento cognitivo, un ser del que aún no sabemos nada, pero que esta, está ahí, y lo estas viendo y se esta manifestando físicamente y no tenes mas que decir que Gracias, porque sin saber cómo, escucho tu llamado y te dice: Mírame! Te cuido, te guio! Nos miramos, nos tomamos de la mano y lloramos, aquello había sido una demostración de amor tan profunda, que es difícil poner en palabras, pero así fue, y así es para todos los que quieran ver. Cruzando el cielo desapareció, destellando fuerte y hacia nosotros cada vez que lo llamábamos y una vez mas otro flash, esta vez desde el cielo pero del lado derecho, nos ilumino para que lo buscáramos en el firmamento, y pronunciando tres veces mas su nombre, una nave estática, inmóvil en el cielo decidió jugar con nosotros a responder nuestro saludo con una extrema y fuerte luz, una luz difícil de replicar.

A lo largo de mi vida escuche muchos testimonios que hablaban de cosas similares, y honestamente siempre tuve miedo y dudé, pero no deje que me oprimiera, tal así que hoy no les temo, mas bien pido su presencia porque sé que son seres de paz, sé que son seres de luz y amor y sé que no importa el cómo, mientras uno sienta que es lo correcto y este vibrando en esa energía de hermandad cósmica, todo va a estar bien. Monte Shasta fue la prueba culmine en este viaje, que nos permitió terminar de vencer esas trabas personales y darnos cuenta del poder que cada uno tenemos como seres humanos.

No temas por lo desconocido, aventurate y veras!

 

Paul

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13 thoughts on “Monte Shasta, relato de un viaje espiritual

  1. Nos emocionó hasta las lágrimas el relato de Paul y sus experiencias compartidas con Erika y valoramos la búsqueda espiritual. Que Dios los bendiga y los proteja. Siempre los esperamos con amor.

  2. Los estoy leyendo y disfrutando , en alguna ocasión les envié un comentario valorando esta decisión de viajar renunciando al sueño de los temerosos , de trabajar cada día, y nuevamente valoro este hermoso tesoro de dejarse sorprender cada día con nuevas experiencias. Les dejo un cálido abrazo y siempre en nuestras mentes con la mejor energía. Nestor

  3. Muy bueno lo de uds…..hay que tener de todo un poco, para hacer lo que hacen….felicitaciones, y suerte.

  4. Gracias por compartir tan hermosa experiencia, me emociona. Que mucha gente pueda enterarse de que no estamos solitos, que aún en la inmensidad de las montañas heladas los hermanos nos acompañan y se muestran generosamente si hay pureza en la intension.
    Un gran abrazo Eri y Paul!!!

  5. Bendiciones a los dos por su aventura y haber compartido su relato con todos los que estamos en la misma búsqueda, amigos de La Granja. Muchas Gracias!!!

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