En la huella del Magic Bus descubrí mi meta

A veces la vida de determinadas personas, sin querer, termina volviéndose referente para iluminar la vida de muchas otras.

Años atrás vimos “Into de Wild”, la peli dirigida por Sean Penn que nos pone en la piel de quien fuera Christopher McCandless, un joven de 24 años de edad que decidió dejarlo todo y salir a vivir una autentica y desmedida aventura en Alaska, en lo desconocido, en lo salvaje, para probar sus habilidades humanas, para probar que la voluntad del hombre no tiene barreras. Quizá no debí conformarme solo con la película, pero confieso aquí que peco de lector no frecuente, por lo que la misma me basto para llenarme el espíritu de ganas de viajar.

Llegamos a Alaska luego de casi 3 años de rutas y sin querer queriendo la vida había planeado ponernos en el mismo paso que McCandless. Dando una vuelta por los pueblitos costeros de Alaska, llegamos a Seward, estacionamos en el puerto pegadito al agua y escuchamos: -Argentinos! Argentinos!, al asomarnos por la ventana descubrimos una casa rodante con cuatro compatriotas (Juan, Agustín, Irina y Micky) dentro que nos hacían señas para que pasáramos a su móvil y evitar así quedarnos conversando fuera bajo la incesante lluvia de Mayo. Tomamos mate y reímos toda la tarde, nos contaron de sus andanzas entre las cuales estaba la visita al “Magic Bus”, y ahí resurgió la chispa de ir a explorar y sentir en carne propia aquello que el joven viajero había experimentado.

Camino al norte, unos kilómetros luego de pasar el Parque Nacional Denali llegamos al pueblo de Healy, encontramos una cervecería con la réplica del “Autobús Mágico”, que había sido utilizada para filmar la película de Sean Penn. Nos tomamos una foto allí para empezar a palpitar nuestro camino, encontramos otros viajeros, un español en pareja con una japonesa y nos tomamos una cerveza juntos. Luego de conversar unas horas acordamos que al día siguiente nos veríamos temprano en la entrada del camino que lleva al autobús, para comenzar nuestra expedición juntos.

 


A las 4am despertamos, manejamos hasta el Stampede Road, la calle que conduce hasta la entrada desde donde empieza el camino. Llegamos por ruta de tierra hasta un sitio donde la gente deja sus vehículos y comienza el recorrido a pie, ya que es la única forma de hacerlo por las precarias condiciones del mismo. Vimos allí un auto exactamente igual al de los viajeros con los que habíamos conversado en la cervecería el día anterior, pero no había nadie alrededor por lo que supusimos que habían comenzado a caminar solos. Tomamos nuestras mochilas, repletas de comida, abrigo, agua y nos fuimos a mochilear.

Toda historia tiene dos caras, una de ellas es la poesía con la que Penn muestra la vida de este joven y la otra, la que vivimos nosotros, es la cara de los pobladores de Alaska. Siempre que preguntamos a cerca de él, era como si tocáramos un asunto estigmático, una herida profunda que dejo una cicatriz grande en los habitantes de la región. Muchos hablan muy mal, es más, lejos de ser un héroe, un valiente, una persona que se atrevió a romper sus barreras personales, se ha convertido en un pobre idiota, que estaba buscando una excusa para dejar este Mundo. Alaska es bien diferente del resto de los estados de Estados Unidos, es un pueblo que lucha constantemente contra las inclemencias climáticas, es un estado alejado, casi olvidado, que debe arreglárselas como puede para hallar nuevas formas para subsistir; es gente que sabe lo que es necesitar ayuda y por eso siempre la ofrece. Luego de un tiempo llegamos a entender que muchos se sienten responsables por su muerte, ya que ofrecieron darle una mano en muchísimas ocasiones, siendo rechazados por las convicciones del propio muchacho. McCandless no caminaba hacia lo salvaje, él sabía que en algún punto de aquella caminata encontraría uno de los tantos buses dispuestos en la antigua ruta que llevaba a una mina abandonada hacía 30 años. Una mala detonación la derrumbo convirtiéndola en una tumba; los micros que llevaban los trabajadores a la misma fueron dispuestos cada 35 kilómetros equipados con una cama, y una cocina a leña para aquellos caminantes de la tundra que buscaran refugio en esos días tormentosos de Invierno. Forman parte de una gran red de refugios aislados de Alaska, dispuestos específicamente para evitar que los exploradores mueran congelados en el crudo Invierno.

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Caminando por el Stampede Road

 

Comenzamos la caminata y lo primero que encontramos fue un gran charco, mas bien una mini laguna que tuvimos que rodear para evitar mojar nuestros pies en la primera oportunidad. Al sortearlo creímos que este sería único, pero mas adelante el camino nos mostró que estábamos equivocados. Nos esperaban 15 kilómetros de intensas bajadas y subidas, esquivando charcos y mas charcos, tratando de pasar por el costado, cruzando arboles pequeños de espesas ramas que golpeaban nuestras caras, rasgaban nuestras ropas y sujetaban nuestro equipaje impidiendo nuestro paso a toda costa. Las horas se tornaron de intensas, interesantes y aventureras, en una verdadera desgracia, una lucha constante y el agotamiento comenzaba a abatirnos. Mientras tanto en silencio, en la mirada perdida en el aburrido camino de piedra y le hermosa vista del Parque Nacional Denali y sus impresionantes montañas, nos preguntábamos ¿qué buscabas aquí Christopher? ¿qué tenias que ver aquí que no habías logrado ver en otro sitio? ¿qué deseaba ese espíritu intrépido en la tupida tundra?

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Paisaje de la zona en el camino al Magic Bus

 

De ruidos ni hablar, al principio, a cada paso un cascabeleo de una campanita especial como para hacerle notar a los animales de la zona nuestra presencia en el lugar. Se recomienda hablar, hacer ruido, o lo que sea para evitar sorprender la vida animal, ya que eso es lo que aumenta exponencialmente el hecho de ser atacados, embestidos y/o hasta matados. Luego de horas notamos que si bien estábamos caminando en lo desconocido y lejos de toda civilización, los animales están bien dispersos y eso nos relajó un poco hasta que llegamos al primer río, donde encontramos huellas de oso (tal vez negro, grizzly o algún otro), me atrevería a decir de un día o menos de antigüedad. Erika comenzó a temblar y yo me sentí culpable de haberle avisado, quizá lo mejor hubiera sido no decir nada y evitar que se preocupe. Yo también estaba asustado, claro que sí, nunca había visto un oso de cerca y esperaba que aquella no fuera la ocasión, solo llevaba el gas pimienta y mi gran machete colombiano, que creo hubieran sido de poca utilidad en caso de un encontronazo agresivo con uno de los reyes del área. Trate de calmarme y de contener a Erika, y decidimos que ya habíamos llegado demasiado lejos como para abandonar sólo por haber visto huellas, así que continuamos.

En la vera del río Eri encontró unas zapatillas que estuvo a punto de tomar para tener un par seco, luego de haber metido el pie en cada uno de los charcos y riachos del camino. Un segundo después vio una placa de bronce junto a ellas que decía que una joven exploradora había perdido su vida en aquel sitio al resbalar en las mohosas rocas del río, golpear su cabeza y ser arrastrada por el mismo. Es curioso, el agua del río llegaba por debajo de mis rodillas en la parte mas honda, pero quizá el hecho de que no sea tan profundo presume cierto descuido o desmerecimiento que en un segundo puede llevarte a la peor de las pesadillas. Otra decisión que debíamos tomar, ¿cruzaríamos el bajo río asumiendo el riesgo que aquello suponía? Bueno, ya habíamos tomado la decisión de caminar por el Stampede Road solos, ya que al final nunca encontramos a los viajeros de la cervecería, habíamos visto la huella de él/los osos decidiendo seguir y ahora el primer río, así que decidimos seguir apostando, después de todo no hay recompensa sin sacrificio ¿verdad? Nos sacamos los pantalones, las zapatillas y seguimos aventurándonos. Mas adelante una de las partes más complicadas del viaje, al menos unos 3 kilómetros de ríos cortados por zonas aun congeladas que al pasar amagaban con quebrarse haciendo rugir sus entrañas con un Crack! Crick! que ponía todas tus ideas pendiendo de un hilo. No es que hubiera lagos o ríos caudalosos bajo estas capas de hielo, pero podía suponer una lesión que imposibilitara movilidad alguna de tan solo hundir una pierna en uno de los agujeros. Mas adelante la tundra y sus capas de hielo subterráneas derritiéndose por el cambio de temporada generaron como unos seis campos de fútbol de barro, y mas barro, sin chance alguna de poder esquivarlo por otro lugar, haciendo que nuestros pies quedaran húmedos y llenos de basuritas, ramitas o vaya a saber que mas que raspaban el empeine a cada paso.

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Paul cruzando el primer río

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Huella de oso frente a nosotros

 

Alrededor de las 12 del mediodía llegamos al famoso río Teklanika, que le valió la vida al pobre McCandless, al no poder cruzarlo por estar muy crecido, dejándolo atrapado del otro lado sin comida. En el camino de ida nos habíamos topado con dos personas por separado que venían de haber pasado la noche en el autobús y que habían cruzado el río sin problemas, pero eran alemanes del doble de nuestra altura, a los que seguramente el agua les llegaba a la cintura. Una vez mas, otro nuevo desafío y una nueva decisión que tomar ¿cruzaríamos el río? ¿debíamos cruzarlo? ¿Por qué debíamos hacerlo? ¿para que? ¿era necesario? Y de nuevo todo ese rollo de preguntas que uno se hace antes de tomar una decisión que asumía determinado riesgo. Nos sentamos sobre las rocas y armamos dos sándwiches, bebimos agua y descansamos media hora. Con los pies descalzos y los pantalones arremangados camine unos pocos pasos en el agua y comencé a sentir la fuerza del río, sentí como el agua fría entumecía mis pies clavándolos como con mil agujas, vi la profundidad del río y reconocí que pasaría el nivel de mi cintura. No solo eso, yo no sabía cuanto tiempo iba a poder soportar el agua helada de deshielo en mi cuerpo y como iba a hacer para pasar mi mochila sobre mi cabeza al tiempo que intentara sortear las rocas del fondo y sujetara la mano de Eri para darle mayor estabilidad. En ese instante volteé, mire a Eri y le dije: -Hasta aquí llegamos! Respire aliviado y vi que ella también lo hizo, era un desafío que no estábamos dispuestos a llevar a cabo, pese a haber atravesado un montón de obstáculos en el medio para llegar hasta ese lugar. 15 kilómetros habíamos caminado y 15 más faltaban hasta el bus, pero como no teníamos carpa ya que pensábamos dormir dentro del mismo, deberíamos volver 15 kilómetros de nuevo hasta la Kombi antes de que bajara el Sol y las temperaturas descendieran mucho. Por suerte como era Primavera, en esa parte del mundo solo había 3 horas de oscuridad y mas al norte ni una, asi que nunca quedaríamos cien por ciento a oscuras.

Ser un viajero de aventura muchas veces requiere tomar decisiones que conllevan cierto riesgo, y puede que sean duras, extremas, y hasta dolorosas, pero todo es en pos de lograr nuestro objetivo. Al alcanzarlo, y en este punto solo aquellos que saben romper sus propias barreras sabrán lo que significa, ese instante de felicidad, de haber logrado lo imposible, da una satisfacción tan pero tan grande, que uno siente que ya no necesita mas nada, esta tan conectado con el instante, con el ahora, con cada una de las respiraciones que das, que te sentís más vivo y más humano que nunca. Como cuando un ciclista sabe que tiene toda una montaña por delante, contra el viento, contra la gravedad, haciendo que sus piernas quemen con cada pedaleada, pero seguramente al coronar la punta, se de cuenta que el sufrimiento no fue en vano, porque desde allí puede ver las cosas con otra perspectiva, quizá con una que jamás imagino.

Quisimos llegar al bus, pero no pudimos, quizá la temporada no estuvo de nuestro lado como nuestros amigos argentinos que sí lo lograron al encontrar todo mas congelado.

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Juan, Agustín e Irina pasando la noche en el Magic Bus. Gracias por las fotos!!

 

Después de todo quizá eso es lo que me diferencia de el joven Christopher, viajar es buscar la aventura, buscar los nuevos desafíos e ir tras de ellos, pero conocer nuestros puntos débiles o de inflexión también es importante, saber ¿qué estas dispuesto a sacrificar? ¿es la vida lo que estas presto a dejar atrás solo por ese instante de felicidad? Aquí, me separo, aquí me divido, yo no soy solo yo, yo soy yo y todos los que me aman, porque me hacen quien soy también. Yo elegí seguir viajando, seguir aventurándome, no necesito que se me vaya la vida en eso, porque comparto la misma con los que amo, como Erika por ejemplo. Sigo ruta hacia nuevos destinos, porque el río es río y también sabe de su fuerza, de su naturaleza y de su sabiduría ancestral. El río me enseño cuán importante es crecer con deshielo, con lluvia y barrer todo a tu paso, y también me enseño cuando estar bajo, tan calmo como para que la caída de una sola hoja en él desencadene una onda expansiva que lo moviliza aun cuando fluye pasivo ante mi mirada.

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Magic Bus y un bello atardecer

 

McCandless es el viajero furioso, apasionado y loco que llevo dentro, pero no es el viajero que disfruta de las simples cosas como estar caminando solo por un lugar extremo como es Alaska, admirando su paisaje y enamorándose mas y mas de él en cada paso, cada obstáculo sorteado.

Agradezco a la vida, porque no conquiste un nuevo destino físico, sino uno mas profundo, ahora tengo mas claro hasta donde y con quien quiero llegar.

 

Paul

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9 thoughts on “En la huella del Magic Bus descubrí mi meta

  1. Hola amigos qdos! Hoy vimos cn Carlos la pelicula sin saber q era sobre la vida de Alex o Cris!Magic bus! Recordé cuando leí su post sobre esto! Guau! Q experiencia! Realmente me enorgullece poder decir q tuve el privilegio de tenerlos en casa, de conocer esas personitas llenas de vida, de amor, q dejan su huella como Alex! REalmente la felicidad se completa cuando es compartida!
    Hasta pronto!
    Me encantó el artículo!
    Abrazote!

  2. Me rob´é tus lineas Eri y Paul,
    “Aquí, me separo, aquí me divido, yo no soy solo yo, yo soy yo y todos los que me aman, porque me hacen quien soy también”
    cada palabra es una belleza indescriptible
    Saludos viajeros…los sigo en su viaje

  3. Que lindas palabras Paul! Siempre que pienso en esos días de aventura me hace poner la piel de gallina. Me hiciste emocionar!
    Besos a los dos, sigan disfrutando y haciendo lo que tan bien saben hacer.
    Iru

    • Hola Irina, muchas gracias por emocionarte y dejarte guiar por mis palabras para viajar junto a nosotros. Es un gusto grande para mi esto de escribir y compartir lo vivido, aunque con vos y los chicos tambien pudimos compartir un rico mate de charlas y experiencias. Abrazo!

  4. Muy inspirador el relato, y más aleccionador aun. Vi algunos documentales del PN Denali, pero ignoraba la historia del Magic Bus…así que buscaré la pelicula en Netflix o YouTube. Gracias por compartir la experiencia.

    (En sitios de preppers he leido que en circunstancias similares, una bengala es más util que un machete u otra arma blanca…a menos que uno sea Tarzan, jaja)

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